Era el día asignado para dar a luz. Mariel se vió despierta abruptamente sobre su cama manchada en sangre. Eran las cuatro de la mañana y no toleraba los dolores que provenían de su vientre. El miedo la invadía cada vez más, no quería reconocer que el sueño que creía haber tenido fuese real.
“Siempre quise a mi bebé” declaró con nervios a la policía. Las bellas ilusiones que tuvo durante nueve meses se esfumaron tan rápido como la nublada madrugada.
[Versión de “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez]


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